lunes, 18 de febrero de 2013

La batalla en el transporte público


Supongo que la gente piensa que viajar en el Metro, en el autobús, en el Metro Ligero o en algún otro medio de transporte es algo fácil que lo hace cualquiera, pero en realidad es mucho más difícil de lo que parece. 

Supongamos que es viernes y quieres ir al colegio desde la estación de Colonia Jardín. Además, es hora punta, cuando los empleados que trabajan en la Finca empresarial cogen el Metro Ligero. Para empezar tienes que esquivar a todas esas persona que van en sentido contrario al tuyo y a las personas que van sin prisa y que son las que crean esos "bollos" de gente tan famosos. Después, te toca validar el billete; y escoges la fila más corta ya que ves que el Metro Ligero se te va a ir, pero, en esa fila la persona que iba dos puestos delante de ti no encuentra su billete, y por lo tanto, no te deja validar el tuyo, el "ticket" del siguiente está estropeado, y por lo tanto, tampoco te deja pasar. Después, giras la cabeza y miras que en la máquina de tu izquierda ya no hay gente. Finalmente, pierdes el Metro Ligero y te toca esperar al siguiente. Te sientas en un banco hasta que venga, y ya cuando le escuchas llegar te levantas dándote cuenta de que ahora hay el doble de gente en el andén que cuando llegaste, por lo que intentas ser uno de los primeros en entrar para sentarte, pero terminas yendo de pie. Ya cuando estás en el colegio, recuerdas que tienes clase de matemáticas a primera, y ves como el profesor cierra la puerta cuando te faltaban sólo tres pasos para llegar. Terminas con una anotación en el parte y  te das cuenta que es la sexta, por lo tanto, te toca quedarte de cinco a siete. 

Ya cuando vuelves a casa, tras tu tarde de cinco a siete, ves que viene el Metro Ligero y corres para poder cogerlo, pero te resbalas, y a parte de perder el metro, te has fastidiado la cintura (esta parte esta basada en dos historias reales). Ya cuando llegas a casa, lo menos que te apetece es ponerte a hacer deberes. Y esa es la razón por la cuál a nadie le gusta hacer los deberes el viernes por la tarde.

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